300 minutos

Unas horas, muchos minutos, más bien poco tiempo. Un rato con los panas, con los amigos, la compañera de tragos y el loco de media vida. Pensando en dejar de pensar, en lo que se perdió por una estupidez, en el texto que quedó en nada por una niñería. O sólo seguir sus instintos pubertos de venganza sea cual sea la vía, es humano; reaccionar y actuar sin pensar creyendo comerse al mundo.

Van y vienen tragos entre frases de buenos y malos recuerdos, con o sin los presentes los hechos son los mismos, cada quien con sus obsesiones, su pasado… todo normal. Intentando pensar en las consecuencias de esa noche, el permiso, la negación… más whisky se derramaba entre sus dedos, ya las conversaciones eran adornos de la noche mientras llegaba la madrugada. Sin importar los compromisos seguían corriendo los minutos, ni ella ni yo. Ni nadie; podría decirse que hasta él estaba en su mundo hablando con su pasado, recordando esos ratos inocentes.

Como siempre, la risa de protagonista. Apagando los flashes, atenuando las luces, recorriendo el camino, haciéndolo más corto llevando las ansias a mil. Sólo habían pasado veinte minutos, esas ganas no eran normales, eran animales y pasó lo que pasó. ¿Cuánto tiempo esperando ese “no” tan sumiso?, una negativa que gritaba “SI”… y Así fueron las cosas.

Por el otro lado ellos conversaban sobre la burla; la de ésa chica que hacía todo por llamar la atención, la misma fémina que solía soñar, -no digamos con quién- y en dos días consiguió a su mejor amiga, su lazarillo, su cabrona. Más sin saber que era de nuevo un objeto. Hace algunas semanas, el juguete de él… y ahora el de ella. Sabes, utilizándola para que alguien invirtiera en las dos. ¡Que bajo cayeron!

Diablos: ¿a quién le importa?, ¿a quién le importan?, ¿a quién el importas?,…. ¿A quién le importo? Arriesgar sólo para disfrutar, y lograrlo… Excelente punto. ¡Lo hice!

Pero aún quedan minutos, las llaves y el licor. Sigamos seduciéndonos como hace dos párrafos, la tarjeta resuelve. Ambos bien claros, no dejaré de pensar en ese libro, en esa lluvia, la camisa azul contra la beige: Gran dilema ¿Y qué? Claro… Claro… 95 Octanos borraron esa sonrisa, y ese nombre gringo no es gran verga al traducirlo.

¿Y ahora qué? Te preguntaste a ti misma, sin saber contestar volviste al comienzo, solo lograste correr mas no huir, no es raro ver esos asuntos sin terminar en tu vida. Julio… ¿Julio? Es un mes, del cual no quiero hablar porque me grita un nombre. No me hunde a mí pero si a alguien más… esperará sus meses a ver si todo resulta según lo planeado…

Y nos vemos por la acera, no más semáforos por un tiempo. Se acabaron nuestras cinco horas.

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