(4) Cuatro

Luego de los tres anteriores, de la conversación dividida en forma de trilogía. Trilogía del error. Paradójicamente, convertida en monologo… Y nadie dijo nada nuevamente. Seguía suponiendo todo, tratando de ignorar los hechos para no aceptar la situación. Todo en silencio y a la vez oculto en palabras bonitas que se las llevo el tiempo y la voluntad del titiritero. Porque no hubo valor para asumir que todo era un juego. ¡Haberlo dicho antes! Puede participar de esa forma. Pero tal vez al comienzo o al final si quería arriesgarse, es algo que quisiera creer. Ya sucedió una vez, pero las reglas estaban claras.

Nadie se extrañaba o decía hacerlo. Nadie era la meta del otro ni mucho menos prometía intentar sostener una relación. Tampoco hacia montajes de records ni se enamoraba en la distancia… No se hacían planes ni escapes, aunque por teléfono las horas pasaban rápido entre visita y salida se pasaba bien. Era una aventura clara. Nadie se escudó en excusas. Era si, o no. Punto. Esta vez no fue así, fue todo lo contrario en cada oración. De un momento a otro, dos días, la frase «no te dejes confundir» fue devastada y convertida en el final. Yo nunca me confundí…

Luego fue «el aburrimiento» la respuesta para el fin, el cansancio de la rutina… ¿Quién lo hizo rutina? ¿Serían acaso las mismas respuestas para todo? ¿La selección aleatoria de los «Hoy no porque…»? o el pensar en el último recurso, dentro de unos días veremos qué pasa… (?) ¿Que presión, que amarre cercenaba la libertad? No hubo respuesta allí estaba como siempre interrumpiendo.

Es cierto, seguro no es eterno pero no fue un mundo inventado sólo por mí. Mientras las cosas no estaban bien, al menos estaban y la espera era con el fin de ver si se podía o no. No llegó ese momento, otro final prematuro. ¡Corre! Cuando pregunté si era mentira, escuché que no. ¿Y ahora? Nada tiene explicación, otra vez.

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