Déjame entrar al infierno

Sólo déjame, sin hacer más preguntas, sin decir que no puedo hacerlo; será una visita. Como todas las noches cuando me acuesto, como todos los días que paso ahí, como cuando el rechazo me obliga a cobijarme dentro. Sin excusas, sin fotos bonitas, sin olor a flores, sin un abrazo… sin esperanzas, sólo la de pasar las horas en mi cuarto, en mi infierno.

Allí voy cuando la palabra hogar pierde el sentido. Cuando el afecto se ha desvanecido. Cuando la música no hace estallar mi cabeza, y los gritos me sofocan, se consumen mis nervios y el calor me mata lentamente. Cuando estoy afónico por no decir nada, por no llorar cuando quiero, por no insultar a quienes amo, por no abofetear a quienes hoy odio y hacen que me odie.

Es tan esencial para mí como el agua que ya no bebo, los medicamentos que detesto y ésta pluma con la que escribo. Es tan todo y tan nada que es el espacio digno de añorar, de cuidar, de extrañar si se está lejos. Es tan todo y tan nada que cuando lo pienso, solo quiero destruirlo, acabarlo, sacarlo de éste mundo patético y negro. Porque ya nada es gris, ni mucho menos rosado… estando en mi infierno.

Hoy quiero entrar a mi infierno para no tragarme más. Para extrañar con todas mis fuerzas, para golpear tan duro como pueda, para gritar mordiéndome la lengua, para quejarme, para lamentarme, para llorar a alguien, para insultar al creador y blasfemar sobre ‘Dios’. Para mearme en tu cara y escupir sobre tu cuerpo. Pisar la lápida de otra persona y reírme de su destino.

Para hacer lo que tú haces, lo que no haces, lo que no hago. Lo que yo hago. Para callarte la boca por las mismas estupideces, para golpearte, azotarte, guindarte del cuello, hacer arder tu cuerpo, sentir el gas inflamable que hace a tu piel verse al rojo vivo. Para eso y mucho más entro a mi infierno, que así sea en mi mente es sólo mío. Impenetrable lugar, lo que entra no regresa, se queda o lo destruyo.

Paradójicamente: lo amo, lo respeto. Lo odio y detesto. Pero es mi espacio, como el metro cuadrado en donde estoy de pie. Así que ambos convivimos. Porque es mi infierno, es mi habitación. Déjame entrar al infierno, mi infierno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *