El Conglomerado Yo

Tipo normal, pues.

Soy un ser humano con sus pros y sus contras. Con cosas que me agradan y otras no. Con un sistema de orden en la mente y un desequilibrio paradójico que acompaña mi existencia. Tengo tiempo libre para permanecer ocupado y estoy escribiendo para no leer. Me enorgullecen mis decisiones guiadas por los demás, soy uno más del montón y me siento único.

Digo tantas cosas que admiro mi silencio, me detengo a pensar y el tiempo vuela a mi alrededor mientras sonrío tristemente al ver como cae precipitado el ave que fue herida por un inocente niño que sólo jugaba con su amigo imaginario. Cierro los ojos y veo más de lo que tu sueles hacerlo a pesar de tener gafas de marca, respiro profundo y no siento el aire fluir por mis pulmones; y eso que no me consume la vida ese apestoso cigarro que se ha convertido en tu arma suicida.

Tengo malos pensamientos que se nublan con el calor del día, día que se hace frío a medida que camino por las calles de ésta ciudad, donde cada quien quiere permanecer al lado de otro para estar más sólo…

Soy simple pero complicado, con mucha teoría y poca práctica como para asegurarme de que lo que digo se aplica en mi quehacer diario. No es interesante lo que digo, pero es una necesidad de todos los humanos el expresar las ideas. Cuando pienso en ella me siento inmortal pero sentenciado, todo tiene dos caminos pero tomo el tercero y corro a quedarme quieto. Me fastidio de descansar y olvido recordar que debo seguir adelante pero no caminando hacia atrás.

Tiendo a zambullirme en un mar de pesadillas cuando estoy despierto y me deprime la felicidad; llevo una cruz pesada que aliviana mi consciencia. Soy un buen actor cuando no sé qué decir y pretendo ser fuerte mientras tengo miedo. La luz oscurece el camino que no voy a transitar, pero ahí estoy.

Escucho, tarareo, siento y entiendo una canción sin saber lo que dice en mi lengua natal. Cada día que pasa es un día más que le gano a la muerte. Muchos giran a mí alrededor y yo trato de huir de mí; encuentro una salida pero cierro la puerta estando dentro del cubo que me aísla. Pienso en todo lo que es nada y me ahogo en el combustible que nunca arde.

Disparo una bala de salva sobre mi sien y ni siquiera logro quemarme, salto de la azotea de mi mente demente y caigo al abismo de mis pies. Corto las venas que no llevan sangre y lloro sin lágrimas… Siento el sabor de ellas y me deleito de amargura. No bailo en una fiesta aunque si en la ducha. Ignoro mis problemas con un trago y mientras estoy sólo en casa me distrae el silencio entre pista y pista de la reproducción aleatoria de más de cuatro mil canciones, cada una con una historia, una imagen, un recuerdo y un pensamiento…

Soy así de predecible, tan coherente como estable y tan público como reservado. Asequible y nunca inalcanzable. Aun así sigo sin decir que me gusta y que no…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *