¿Quién está ciego?

No queda más

Caminando, irónicamente veo al ciego que va muy lento girando su bastón para no tropezar con el resto de la multitud. ¿Quién dice que ese sujeto en realidad no observa a su alrededor? No queda más que sólo pensar que las cosas son así, es mejor sentir que estamos bien antes de ver lo que realmente sucede dentro de nosotros.

Me siento cómodo sabiendo que mis sentidos están al cien por ciento; pero nada bien por aquel desvalido que dice no poder apreciar la armonía de formas y colores que están cerca de él… Pero su ceguera le permite vivir donde él quiere, no se cohíbe, no se pierde de nada porque es capaz de percibirlo todo.

De nuevo no queda más que aceptar Su dicha, mientras los que podemos ver intentamos engañarnos con lo que sucede en el mundo real. Resulta más incómodo poder ver que permanecer en las tinieblas teniendo como fiel compañero a un trozo de madera tallada.

En este mundo no sirve de nada contar con los 5 sentidos del hombre si no serán utilizados con el don de la razón/acción sabiendo apreciar y expresar lo que en verdad se quiere. Tomar lo mejor de cada quien sería una tarea difícil porque dejarían de existir los temores, indecisiones y demás frenos que colocamos nosotros mismos en nuestro camino.

Estando ciego es satisfactorio «ver el cielo» y saber que está en cada uno de nosotros. El cielo que se observa es la tranquilidad que habita en cada uno, la perfección de saber que cada quien va con cada cuál para demostrar que la perfección se consigue al cerrar los ojos.

Detrás del telón

En una Obra de Teatro

¿Por qué todo sigue siendo tan sombrío aun cuando sube el telón?
Para mi sigue estando todo obscuro, la gran cortina nubla toda mi visión.

El escenario es una copa infinita donde me ahogo en el dolor que deja el no poder ver más allá de las telas rodeadas por la multitud. Gente que conozco, otros; son nuevos rostros que aparecen por primera vez.

Es una agonía total no poder sentir nada mientras todos ríen y aplauden al finalizar la obra. Hay un hueco en mi alma de tanto intentar buscar lo que no siento y transformarlo en algo tangible. Dolor, pasión, amor. Toda una ironía de palabras que no van a ningún lado. Frases que no salen de los bastidores.

Atrapado en mi propio infierno se me hace imposible continuar actuando, es hora de convencerme que esas cortinas no existen ya, lo que tengo en frente es un cúmulo de personas ansiosas por agradecer la alegría que se les ha brindado en pocos minutos de actuación en los cuales creí poder ver.

Al fin puedo entender la moraleja de la obra… entenderla no significa que pueda aplicarla al salir del teatro. Volviendo a casa voy a dormir, y descubro que la manta que me da calor durante la noche es el mismo maldito telón de teatro que me deja ciego, sordo y mudo para salir adelante.

Aún sin cerebro

¡Lo siento!

A veces suelo tener miles de ideas rondando por mi cabeza, pero no siempre surgen en el momento indicado. Sin ir muy lejos, la otra noche tenia tantas cosas por decir, sentimientos que se quedaron trancados: Ira, Felicidad, Frustración; entre la almohada y mi piel no cabe más.

Hay días que pasan, otros… Simplemente se quedan. Todo es estático y rutinario. Palabras fluyen, palabras quedan. La cruel realidad es que aún no sé qué hacer. ¿Me quedo en silencio? – Escribo algo.- Al final escribo tanto que ni se entiende, mejor opto por no escribir.

Continúa la tragedia, otra paja mental. Para los demás pasan las horas, el tiempo corre. Para mí no. Se detienen los segundos, y aunque me asomo por la ventana y veo que es de noche, solo puedo decir a mí mismo: Lo siento.

¡Todo por el hecho de la indecisión!